lunes, 26 de octubre de 2015

-Me gusta mirarte. Es gracioso porque, fijate: no sos ésto -toca su mejilla-, ni ésto - toca su ceja izquierda-. No estás acá -sus dedos rozan sus labios - y nada tuyo puede decirme ésto -dice mientras el dedo índice se detiene en su mentón -. No hay nada tuyo que pueda tocar realmente y, sin embargo, me gusta mirarte. Como si los ojos o la piel o las manos sirvieran para algo. Como si lo que viera no fuera en realidad algo que no se ve

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