A veces la veo ondear, leve, contra un cielo quemado, cegador, post nuclear.
Las ruinas parecen a la vez nuevas y eternas.
Hay algo dulce en la forma en que la piedra yace desperdigada, algo que no logro definir, como si albergara pequeñas criaturas fantásticas, peludas, suaves, que sólo ahí existen.
Todo son ruinas. Todo.
Llena el aire un silbido apenas audible que se pierde en el espacio
Pero a veces la veo ondear, estóica, sobre lo que fue. Y sé, aunque no lo veas, aunque no haya servido para hacerte bien, que el amor que el encontrarte hizo nacer en mi es la única, la más grande victoria que tengo. Y que repica, glorioso, sobre toda la derrota.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 15 de octubre de 2015
Bandera
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