martes, 29 de septiembre de 2015

A veces quisiera agradecerte, pero es un "gracias" que no significan las palabras. Uno que probablemente ni siquiera esté dirigido a vos realmente, sino a aquello que encarnás, a la interpretación en que te ignoro y te fundo.
Tiene sentido lo que te digo?. No sé decirlo de otro modo. O tal vez sepa pero no quiera; tal vez sepa pero lo que te diría de aquella manera sería completamente otra cosa, por mucho que fuera más comprensible.
Las palabras, pienso a veces, son como la música: no importan las notas, la métrica, la clara ejecución, el pentagrama, la lira, la afinación. No importa eso sino aquello que éllo evoca, eso que flota en el aire, que lo hace vibrar.
Así, el peso de lo formal está dado sobre todo por la capacidad de ser fiel a la musica (que siempre me pregunté si se inventa o si se descubre: estará ahí, flotando, hasta que alguien la "pesca" en un movimiento exacto del aire?) que se teje dentro o se sostiene de la pulsión de la sangre, venida de sabe dios qué zona inexplorada pero a veces vislumbrada de la propia humanidad (me vas a perdonar, seguro, que me ponga tan poética e inconsistentemente verborragica, tan difusa, tan absurda: no encuentro casi razón para no hacerlo, a estas alturas). El peso de lo formal está dado por su calidad de puente entre el adentro y el afuera, por el modo en que expresa o no un estado interno o una idea o una sensación.
Por eso decirte "gracias"me resulta, en un punto, difícil de hacer sin sentirme injusta. Porque decirlo sería decir lo comprensible, lo convencional (que no muerto, que no vacío ), y sin embargo es otra cosa, hay un algo más que ese acto no alcanza a tocar del todo.
Quiero decirlo aunque sienta que tampoco vos lo vas a entender realmente, y entonces me pongo a buscar, lúdica , concentrada (jugando, explorando el bosque cerrado y solitario, como siempre) imágenes, profundidades; hundo los pies en el barro y meto las manos y saco piedras y las lavo apenas con saliva y les quitó el fango y las miro y entonces las manos de nuevo y los pies y el resbalar y reírse un poco y seguir buscando, siempre buscando ese modo de decir que de alguna manera se escapa todo el tiempo al mismo tiempo en que está ahí y estoy ahí en él.
Decirte "gracias" es tocar con la punta de los dedos el cristal limpio, esférico, que guarda el tesoro vivo de una rosa.
Es andar descalza por un piso de porcelana verde en un recinto en penumbras.
Decírtelo es la temperatura de la sangre que entibia mi piel, es notar desde fuera el eco del latido que me nace dentro.
Gracias es entender que sin proponértelo siquiera has sido el vitral que propició el sonido de las piedritas que yo misma tiraba desde afuera para despertarme.
Te he llamado síntoma, testigo, vitral, caballero. Has sido mano abierta y palabra y tibieza. Has sido lugar etéreo donde danzar lentamente en círculos cuando ya no hay música y rocío en la oscuridad y algo más, algo, que no alcanzo a decir con palabras. Una sensación, una sospecha. Una cuerda de humo sostenida a través de un puente colgante sin barandas.
Aunque nunca hayas sido y no haya sido yo. Aunque tal vez no haya más que cinco o veinte noches en que me he sentido real, algo que existe realmente al hablar y al hablarte de ese modo que se fundaba con tu estar del otro lado y sólo así, sólo así este lado era el que era y no otro.
Por eso gracias. Por eso.
Porque aunque no sepa qué soy, se que he sido, entonces, en esos breves momentos.
Por ser provocación, por ser intriga que da la pauta de que uno sigue vivo de alguna manera.
Ahora quedan los libros y las cosas dichas, los momentos claros y laberínticos y la confusión que con todo alcanzaba a ser alegre y alivio y páramo.
También eso se irá, como todo. Pero mientras las cosas te nombren (mientras lo hagan y vos sigas andando y visitando catedrales y cementerios, librerías y sinagogas, bebiendo en los bares y riendo estrepitosamente pese al asco y la fiebre) las celebraré en silencio, te besaré húmedamente como se besan las estatuas de mármol olvidadas en santuarios de civilizaciones ya muertas, y acaso entonces como esas noches los segundos brillen en privado, sólo para mi, y algo te pique en la mano izquierda y la cierres de pronto suavemente y una sospecha leve, una intuición esquiva te haga mirar el aire casi imperceptiblemente y algo en vos se vuelva cuerda de humo, colores de vidrio, y comprendas, comprendas, entonces, sin saber bien qué, todo esto que te digo con notas en un pentagrama.

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