martes, 8 de septiembre de 2015

Los tentáculos morados, aterradoramente lentos, me aguijonean las piernas desnudas, el abdomen, el sexo, la espalda, los senos. Tentáculos violetas de puntas negras; aguasvivas enormes, pulposas  me rodean: las esferas gelatinosas de sus cuerpos sobresalen del agua, como un campo minado.
Camino, intento caminar: mi cuerpo es una aglutinación blanca, blanda, incomprensible. Arde.
En medio del río, ya lejos de cualquier orilla, sólo seguir andando puede salvarme. Cierro los puños y los ojos; tenso la carne, muerdo el dolor. Mi pie derecho se despega apenas del fango del fondo.

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