Me siento a sentirla con un dejo de extrañeza, con un atisbo de asombro.
Como si al meter la mano en el agua tocáramos plumas.
Me siento a sentirla y es dulce la sensación que me recorre mientras la sangre sale de mi cuerpo. Mi cuerpo que entonces parece otra cosa; mi cuerpo que se vuelve cauce de las estrellas remotas y de las rocas diminuta que siguen la estela de un cometa que nunca ha tocado la luz del sol. Mi cuerpo que de pronto, con atávica sabiduría, se acompasa al vaivén de las mareas y circula, lento, en la misma espiral que describe el pétalo de la flor del almendro al caer, la cola del camaleón, los afelpados, efímeros, perfectos círculos superpuestos de una dalia
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
sábado, 19 de septiembre de 2015
Hembra
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