Quito las algas pesadas, oscuras, de mi piel. Son cintas viscosas, larguísimas que me enredan, me amortajan. Abro los ojos en otro lugar. Todavía te veo, o a la sensación de vos. Las algas se rompen entre mis dedos pero quedan pedazos; me siento mojada y oscura y confundida; como si la noche siguiera y siguiera el sueño y la profundidad y un aroma de humedad y barro.
En la ventana también llueve. Yo quiero despertar.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
domingo, 13 de septiembre de 2015
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