Hago funambulismo sobre los recuerdos.
Los hilos finísimos, fuertes, se entrecruzan; autopistas del aire. El latido de mi corazón los deforma, los tensa o los afloja, y entonces pierdo el equilibrio y caigo: a veces me cortan los filos, a veces alcanzo agarrarme con una mano (todo el peso de mi cuerpo me tira hacia abajo: la tierra me atrae), a veces me enredo en ellos y quedo amortajada, pendiente, dolorosa. Dolorosa, no dolida.
Los hilos son una telaraña de acero que parece infinita e inútil. En días como hoy me pregunto si soy la araña o la mosca.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
martes, 15 de septiembre de 2015
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