sábado, 26 de septiembre de 2015

Hay un sólo desafío. Sólo uno: llevar cada cosa hacia el centro de si misma. Poner la atención en el movimiento, como si estuviéramos creando el universo en el acto mismo de cortar una cebolla, encender el fuego, decir "viento", abrazar, mirarnos al espejo o meterse en el río: tocar el nervio, lamer la médula; volverse línea de humo que se adelgaza y se filtra por entre las palabras y los actos, entre los segundos y los sentidos hasta el epicentro, la raíz oscura y húmeda que pare cada cosa del mundo, la raíz de cada cosa del mundo que se manifiesta a través nuestro.
Ése, sólo ese, es el ámbito de cualquier victoria posible.
Sólo así se gana una batalla, más allá del resultado de la guerra.

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