Existe la Gravedad. Sin embargo, las planta se yerguen en el aire; rompiendo la resistencia del aire las esferas se precipitan hacia el cielo abierto (acercándose a otros ciclos gravitatorios pero sin llegar a ellos). Existe la Gravedad, pero las cosas flotan, se levantan, vuelan.
Existe un punto en la trayectoria en que de la Gravedad se deriva la Liviandad, y si sólo miráramos el pájaro en el aire tal vez nos animáramos a creer que es esa resistencia tenaz la constante, la eterna.
Pero existe la Gravedad, la fuerza que atrae cada cosa hacia el centro oscuro, caliente de la tierra sobre la que se sostiene para vencerla.
Así, finalmente, la flor mustia obedece la ley y deja su semilla, el pájaro cansado deja de batir sus alas y reposa para volver a emprender vuelo, y el amor termina.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
viernes, 18 de septiembre de 2015
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