jueves, 12 de mayo de 2016

Ya no es que luego de leer el texto él me diga, feliz, que ya tiene la imagen en la cabeza y que después me la muestra y me devuelve la libreta para que yo escriba otra cosa y así, y "podemos hacerlo todos los días", y "vamos tejiendo" y "yo te hablo de incluso una sola palabra", con una naturalidad maravillosa. Ya no es eso.
Es que otra persona aparece en la barra con un libro y lo apoya con infinita suavidad y es eso, y mientras acomodo el plato hablamos de las diferencias que tiene "La Isla" con "Un mundo feliz" y mientras le hago el café aparece Bradbury y le digo que su prosa no pero su visión sí y él concuerda. Pero tampoco es eso sino que la barra se llena de gente y mientras cremo la leche me pregunta qué tiene Cortázar y no sé cómo hablamos de Auster y hablamos de la muerte, y tampoco es eso sino que a su "tú lees mucho, se nota por cómo hablas"(?), le respondo mientras pongo un chupito de licor café que estoy leyendo muy poquito, la verdad, pero que estoy contenta porque hace dos días me saqué las ganas de Stendhal y él me dice como una lanza "Rojo y negro" y yo me quedo congelada con una taza vacía en la mano y sonrío y "sí" y él hace un gesto de cansancio con la boca tirando apenas la comisura derecha hacia abajo y es jueves así porque sí y los niños piden chocolate y por ahí atrás se oye el sonido filoso de un cristal que se rompe y todo sucede al mismo tiempo.

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