Me había muerto y no me había dado cuenta. Me desintegraba como una estatua de sal en la lluvia.
Pero vos me miraste, entonces; vos sostuviste mi mirada. No sé por qué.
En aquel momento -lo sé ahora, por fin; por fin puedo ponerlo en palabras- fue eso lo que me permitió no desaparecer
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 26 de mayo de 2016
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario