lunes, 30 de mayo de 2016

Con todo, me gustan las palabras. Me gusta decir. Me gusta. Me emociona poder encontrar un modo de nombrar minimamente, la valentía de habitar el sonido, de ser a través del aire. Pero qué hermoso es decir sin palabras.
Qué hermoso era desvestirme lento, sin que te dieras cuenta, y pararme desnuda frente a vos; decirte así tantas cosas. No hablo del sexo; el sexo no era más que el cauce.
Cuántas cosas sabía entonces decir mi cuerpo ahí, en ese estar de ese modo (en esa desnudez, en esa alegría de esa desnudez ), y cuánto me emocionaba pensar que podías escucharlo, que sabías escucharlo, que eras capaz de leerlo. Porque sólo para vos hablaba. Sólo a vos podía hablarte de aquella manera, decirte esas cosas en ese momento. Sólo vos podías, entonces, descifrar ese silencio tan lleno de significados.
Y aunque entienda ahora que no, que no supiste, en realidad, o por lo menos no todo el tiempo...qué hermoso es recordar que he sido capaz, qué hermoso es haberte hablado de aquella manera

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