Caminaba, cuando lo hacía solo, con las manos agarradas detrás de la espalda. Me encantaba ese gesto suyo, esa pose de caminante pensativo que tenía siempre.
Cuando caminaba conmigo cogía mi mano y la anudaba, junto con las suyas, detrás de su espalda. Nada en su costumbre cambiaba; sólo me agregaba a mi.
De pronto, pienso en los símbolos.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 19 de mayo de 2016
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