lunes, 23 de mayo de 2016

Pero también el recuerdo tiene, como todo, un poder bidireccional.
También puedo recordar de pronto  cuando mi tío murió y mi padre y yo no no hablábamos.
Recuerdo decirle a mi jefe que hiciera lo que creyera justo, pero que yo me tenía que ir, e irme.
Recuerdo el viaje en barco, la urgencia de la noche que no termina y la madrugada lenta.
Recuerdo no pensar en él hasta que lo vi llegar ya de tarde; yo en la puerta de la sala de velatorio. Recuerdo que pasó con el coche y nos seguimos con la mirada. Recuerdo que bajó del coche y vi en él mi misma urgencia. 
Recuerdo que fuimos sabios, y nos abrazamos.

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