Comemos y hablan, todos hablan, en un idioma que no entiendo.
Yo como en silencio y si los escucho entiendo cosas que son cosas, que no dicen nada, entonces no los escucho, entonces no quiero ni intento entender y las voces son hebras de lana que se anudan en el aire y son cristales opacos y son sonidos tintineantes, son latas de conserva vacía que golpea lejanamente una rama de árbol caído.
Yo prefiero, yo agradezco que no me hablen, no tener que entrar ahí a hilar madejas de humo; que me dejen en paz, que sólo de a ratos alguno quiera llamar mi atención y yo sonría ceremoniosa y coma en silencio y ellos sigan emitiendo sonidos y riéndose tristemente
Siento que la realidad me resulta más liviana, más ella misma cuando hablan en un idioma que no entiendo, porque entonces mi percepción tiene un lugar en que coincide con lo que Es.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
miércoles, 18 de mayo de 2016
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