martes, 24 de mayo de 2016

Salí y habían cuatro líneas dibujadas en el espejo. Primero pensé en un puente románico, pero apenas duró una fracción de segundo la idea; inmediatamente después salí de la inmovilidad, atravesé el vapor de la ducha y dibujé casi con temor dos círculos en medio de las cuatro lineas que no eran otra cosa que el pelo: la tapa de Imagine. Exacta. Lennon.
Hace tres días que, al salir de ducharme, la imagen me mira desde el espejo empañado. Hace tres días que me sorprende, porque me olvido -cada vez- de que ahí estaba, y me sorprendo, -cada vez- de que ahí siga
Inevitable, melancólica, dulcemente, me trae el recuerdo de aquel viaje de siete horas en que te traduje, mientras conducías y yo cebaba mate, todas las canciones a medida que sonaban. Todas las canciones que escuchabas desde hacía treinta años sin saber qué decían; todas las canciones que ahora escucho yo.
-Este tipo era un genio- me dijiste al final-; yo lo sabía.
Tan símbolo de tus contradicciones, Lennon. Tan dulce y terrible y ridículo y pretencioso y simple y maravilloso y violento y suave. Tan tuyo desde mi espejo.

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