Podría ser que la evolución en la comprensión real de cualquier cosa no fuera como una escalera, como plantea la lógica, ni como una espiral, como plantean ciertas corrientes espirituales, sin importar en cualquiera de los dos casos cuánto tiempo llevara esa comprensión (quiero decir, si fuera en el término de una vida o el tiempo a medir estuviera dado por toda la especie humana, pongamos por caso); sino que fuera una suerte de ola. Una ola que golpea y luego se retira. Y cuando viene la siguiente ola, es nueva y es otra, y a la vez proviene del mismo lugar que la anterior y está hecha de lo mismo y sin embargo es diferente, no tiene sedimentación, no hay algo que quede de la previa y no hay algo que quede de la actual ni lo habrá de la que sigue; sólo la sensación y la certeza del golpe; sólo lo inenarrable de la sal
Podría ser. Por qué no.
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