martes, 6 de diciembre de 2016

Sin embargo a veces pienso que podría ser una especie de satori, un destello de luz y tiempo en que mientras esté lavando una patata recién pelada o quitándole el polvo a un almohadón guardado en el fondo de un placard de pronto me va a golpear, como un viento fuerte, privado. Y voy a entender algo. Y después a olvidarlo, tal vez. Porque tal vez sea esa la única forma en que entender sea posible.

Podría ser que la evolución en la comprensión real de cualquier cosa no fuera como una escalera, como plantea la lógica, ni como una espiral, como plantean ciertas corrientes espirituales, sin importar en cualquiera de los dos casos cuánto tiempo llevara esa comprensión (quiero decir, si fuera en el término de una vida o el tiempo a medir estuviera dado por toda la especie humana, pongamos por caso); sino que fuera una suerte de ola. Una ola que golpea y luego se retira. Y cuando viene la siguiente ola, es nueva y es otra, y a la vez proviene del mismo lugar que la anterior y está hecha de lo mismo y sin embargo es diferente, no tiene sedimentación, no hay algo que quede de la previa y no hay algo que quede de la actual ni lo habrá de la que sigue; sólo la sensación y la certeza del golpe; sólo lo inenarrable de la sal

Podría ser. Por qué no.

No hay comentarios: