Me paro entonces en medio del salón y veo las fotos: quedaron sobre el sofá; rememoro la charla, las ideas de élla de que para trabajarlas mejor podría digitalizarlas o incluso imprimirlas en tela “y si escribes algo se puede coser, sería genial, no?”; el alucine de él con las texturas de una de las fotos que el agua se llevó y los dos flipando porque son tan geniales que me dicen que debería hacer una exposición; y luego las clases de experimentación de panadería y las semillas, las nueces que se olvida de ponerle y el queso, un modo de amasar y su asombro; los viajes y los planes, los hijos, las parejas, los puntos de vista y los puntos ciegos; las discusiones honestas: sin manipulaciones y sin miramientos; Freire, Lebowski, Waldorff, Cortázar, Montessori, pros y contras, idilios, burbujas y hippies; realidades inconexas o posibles; Brasil, Portugal, Arabia Saudì, Copenhague, el francés contra el alemán, “en año nuevo vienes aunque sean las cinco de la mañana”, reírse a carcajadas del otro como un puente maravilloso, una casa que tiene que tener un patio, la tortilla de patatas que quedó en su punto, élla que por alguna razón coincide con otro amigo en que yo debería estudiar magisterio y él que no; visiones borrosas, carreras posibles, pobrezas varias, riquezas inesperadas, moralidades, moralinas, contradicciones, “yo lo que necesito es tiempo para poder mirar”, lo que se aprende cuando uno no lo sospecha, lo vivo o no de un modo de educación, la vocación, la elección, el desconcierto, el mucho tabaco, tres botellas de vino, la ventana abierta, la canción que coreamos distraídos, el gallego, la ventaja de que lo inusual venga primero y una sensación de hogar, de hogar nuevo, de tibia, dulce hondura
“Cómo hice?. Cómo construí este momento?”, me oigo preguntarme parada, luminosa, no sé cuántos segundos después, en medio del salón. Este que es tan aquéllos y sin embargo tan tremendamente otro. A veces me asombra tanto la suerte, la luz que se esconde en momentos que dicen tantas cosas, que dicen tanto camino, tanto, aunque parezcan tan nimios…
Me quedo quieta unos segundos más, sintiendo, solamente sintiendo; termino de ordenar y me voy a acostar; “casi las 4 de la mañana…”
La imagen me espera cuando salgo del baño: estoy parada en un páramo infinito, oscuro; mi figura es sólo una perfilada sombra azul; hay viento y mi pelo se mueve apenas. No lo veo, pero intuyo la figura volátil de un diente de león.
“No lo construí -me digo de pronto- ; en realidad, no. Lo único que hice fue mantenerme en pie"
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