Abro el toldo de la cafetería mecànicamente y él, que venía caminando distraído de la mano de su padre, se queda estaqueado en mitad del piso de adoquines con la boca abierta, interesadísimo, hasta que termino y quito el gancho lentamente para que no se pierda detalle. Me ve mirarlo sonriendo, me sonríe timidamente y sigue caminando.
Entonces lo pienso: creo que una de mis cosas favoritas de la Vida es el asombro.
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