jueves, 1 de diciembre de 2016

Es que...cómo eres tan genial?!, me dice casi enojado
-No lo soy. O no lo soy en ninguna manera distinta al resto de la gente, sólo que algunos esconden sus peculiaridades mejor que yo. (no se trata de que todos seamos geniales; sólo de que lo sospecho, francamente, pero solemos abocarnos a desmentirlo sin darnos cuenta). Ahora, si te preguntás, y me pregunto con vos, cómo soy así, la que soy….supongo que es por la soledad. He pasado mucho tiempo sola. No físicamente sola, solamente. Y supongo que la soledad, como todo el resto de la paradoja que es existir, tiene como resultado algo que se inhabilita a la vez que se funda a si mismo: por pasar tanto tiempo sola he tenido la posibilidad de ahondar en ciertas cosas en que la mayoría de gente no repara, pero esa misma posibilidad me impide construir puentes hacia los otros. Y lo que trato…lo que llevo mucho tiempo tratando de averiguar -me doy cuenta ahora, mientras te lo digo-, es cómo eso puede no ser un modo de fatalismo. De encontrar la manera en que esa sensación que yo creo (en su doble acepción) sea un camino y no el límite de un camino



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