miércoles, 7 de diciembre de 2016

Como siempre en los últimos años, cada día de calendario  (navidades, día del padre, cumpleaños), sobre todo es alivio lo que siento. Alivio, porque si no estás, no tenés que sufrirlo.
No puedo decírselo a ellos. Quisiera, porque me parece una idea luminosa, provechosa, pero no lo entenderían como lo digo. Mi hermana, tal vez; pero la posibilidad de que la dañe la idea si no lo hace me impide decírselo incluso a élla.
Me  despierto recordándote  y agradeciendo que no estés, y paso un día bueno, la verdad: es bueno que hayas estado; es bueno pensar que te llevo en mi y que entonces hay algo en mi que merece celebración, y es algo de eso lo que siento todo el día, con una calma ancha, sin dobleces.
De pronto llega una notificación al móvil: "un día como hoy, hace 8 años ".

La carretera, el espacio, la distancia, el viento por la ventana; tus ojos que miran el camino y los míos que se ven y te ven el el espejo; tu oreja, mi boca; la idea del diálogo. En el medio, un rosario que habíamos comprado hacía años; un símbolo de Santiago. Como una foto retroactiva.


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