Ver a un hombre tocar la guitarra concentrado y a la vez ausente, totalmente sumido en la música que crea, que inventa, que siente, mientras el frío se come la noche fuera y nosotros, dentro, hablamos o callamos o cantamos; la sensación de que todos estamos solos y sin embargo nadie lo está porque la musica nos atraviesa.
Despertarme sin el despertador; quedarme en la cama un rato disfrutando del sol que ilumina la madera y del viento que canta.
Hacer las cosas a mi ritmo: desayunar lento, mirar las estrellas leves que la nieve acumuló en la ventana durante la noche mientras se calienta el agua del mate, responder mensajes amorosos que llegaron mientras dormía, extrañar gente con ternura y agradecimiento, planear el día con sólo dos deberes irrenunciables: sacar fotos y estar con gente que me espera, arriba, y que se va a quejar porque hoy no esquío
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
lunes, 11 de abril de 2016
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