Últimamente siento el olor de las calles húmedas a las dos de la mañana: el vaho del puesto de flores cerca de Rivadavia y Nazca ya cerrado mezclado con el hollín y el olor a comida de la pizzería y el pasto recién cortado del parque mojado de rocío
Sobre todo el olor de un sábado en que nos agarrara la noche después de matear en el parque y me acompañaran a comprar libros, o un martes cualquiera en que le robaramos un poco de tiempo al sueño y la rutina que aplasta y nos sentaramos en el pasto a la noche a charlar y comer papas fritas de bolsa.
Hago café o pateo jugando una piedrita y me asalta ese olor tan conocido, esa mezcla sin nada particular, ni siquiera agradable del todo, pero, mía.
Tengo que pestañear un poco para despertarme; busco automáticamente ese paisaje
De a ratos tengo la sospecha de que ésto se termina, de que algo empieza a gestarse en mi interior y que los planes, una vez más, serán un mapa arrugado bajo mis pies que pisan, calientes, la tierra en otra dirección
De a ratos "adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario