Ella se acuerda -me jura y me perjura que se acuerda- que yo de chica decía que no quería tener hijos.
Yo recuerdo que no era mi meta en la vida, que no era "mi sueño", a diferencia de muchas de mis compañeras de cole, tan adorables con sus trenzas y sus moños rosados, pero no que no quisiera.
Nunca me sentí muy cómoda con el corset de lo femenino, de lo que debe ser, de lo esperado en función de (ya de entonces me retobaba, como ahora, la obligación de cualquier cosa); pero no recuerdo ser tan categórica, la verdad. Con todo, he de confiar en su memoria.
Y me resulta, por eso mismo, todavía más arrobador, todavía muchísimo más conmovedor, el haber sentido (y digo sentido), en una época, que hubiera sido para mi un honor ser la madre de tus hijos. Y haber sido capaz de decírtelo así, sin más.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
martes, 19 de abril de 2016
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