Tiene que haber este tiempo y este silencio. El espacio se vuelve contundente, macizo. El aire ahora físico me roza los brazos y la boca.
Escalo el aire, para andar. El aire que es de arena, el vacío pletórico de ausencias. El silencio que brilla de rocío.
Soy la mariposa quieta con las alas mojadas.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
sábado, 1 de agosto de 2015
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