sábado, 29 de agosto de 2015

(renunciar a creer en la solidez de los espejismos
al mismo tiempo
que los disfrutas
o los sufres)

Berna Wang

De chica soñaba con morir heroicamente; salvando a alguien, por ejemplo. Morir asi, pensaba, era la forma en que morir era útil,  grandioso. La muerte era así un acto de afirmación de la vida, una victoria. Abnegación, generosidad máxima.
Todavía no me habían hipnotizado las historias de los mártires y los héroes clásicos. Todavía no había puesto en duda el egoísmo, la voluntad, la pureza.
Hoy tomo mate y me recuerdo entonces. Y enfrento en silencio a aquella niña extraña con la mujer que anoche, mirándose al espejo, se oyó decir: "el valor es eso: negarse a ver lo bueno o lo malo como puro o duradero. Negarse a creer que se ha llegado, porque no hay dónde llegar. Rehusar de la Verdad descubierta. Y disfrutar aún de eso que existe pese a no ser lo único que existe realmente mas que en ese momento".
Entregarse por fin al Cambio, saberse falible, maleable, habitado. Es asi o es nada. La Voluntad es lo único que distingue el egoísmo de la generosidad; es el siete, el jueves, la cumbrera del techo a dos aguas.
(Lo distinto será lo mismo, lo vulgar será unico; lo ajeno será propio y lo de uno se desintegrará en lo común. Sólo es cuestión de tiempo)

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