sábado, 8 de agosto de 2015

Desde anoche
la hiedra de un cuento
me crece en las tripas:
tiene rojos profundos y oscuros,
tiene suavidad de pétalo que perece;
huele a humedad y a polvo alcalino,
su pulso es una lanza que vibra.
Alrededor de su misterio bailo una danza ancestral 
-lenta
callada
expectante-
que conozco no sé de dónde:
ha de romperme, lo sé:
pariré flores muertas
y palabras.
No hay más sol que el silencio.


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