Hay que quedarse callado. Casi muerto. Hay que hundirse en el aire, hay que deshacerse. Hay que dejarse ir en el instante, hay que traspasarlas. Hay que repetirlas y repetirlas como en una calesita cósmica, un viento centrífugo que les haga desaparecer o que las una, que las borre en el movimiento.
Entonces se abre el espacio que las funda. Entonces las palabras salen, viene como un río fluído a veces calmo y a veces violento.
Hay que dejarse ir. Hay que soltar amarras. Hay que perderse: no hay otra manera de llegar.
Entonces se abre el espacio que las funda. Entonces las palabras salen, viene como un río fluído a veces calmo y a veces violento.
Hay que dejarse ir. Hay que soltar amarras. Hay que perderse: no hay otra manera de llegar.
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