domingo, 2 de agosto de 2015

Hay que quedarse callado. Casi muerto. Hay que hundirse en el aire, hay que deshacerse. Hay que dejarse ir en el instante, hay que traspasarlas. Hay que repetirlas y repetirlas como en una calesita cósmica, un viento centrífugo que les haga desaparecer o que las una, que las borre en el movimiento.
Entonces se abre el espacio que las funda. Entonces las palabras salen, viene como un río fluído a veces calmo y a veces violento.
Hay que dejarse ir. Hay que soltar amarras. Hay que perderse: no hay otra manera de llegar.




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