Laten cansadas, cuando el huracán. Como un conejo asustado llega al final del terror luego de haber escapado de la amenaza y, en esos últimos segundos, sustituye el terror por el espanto al sentir que su corazón no da más y se detiene. Hay conciencia aún para notarlo: ese es el espanto de la muerte, y no otro.
Laten cansadas del esfuerzo, y mueren.
Entonces, escribo.
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