martes, 18 de agosto de 2015

Fallar

La Fosa de las Marianas es una abertura en el fondo marino; la fosa más profunda conocida y el punto más profundo de la corteza terrestre.
De la fosa, de más de 11000km de profundidad, de esa herida honda y negra donde crecen organismos que no existen en ninguna otra parte de la Tierra, hace millones de años salió lava. Lava del centro de la tierra, lava fosforescente llenando el aire de humo gris, denso, cegador, al contacto con el agua helada, azul, impertérrita. Lava como sangre que lenta, segura de su victoria, sedienta de su destino, se abrió paso desde el núcleo hasta el aire y formó islas; todo un archipiélago de islas.
Sangre que sale de la herida, sangre que se convierte en tierra, sangre que evidencia una herida y se convierte en otra cosa, en un lugar nuevo desde donde pararse a mirar un mundo desconocido.
Yo me siento a fumar en la puerta de la casa; afuera los grillos se dejan oír y un aire frío recorre lento la calle desierta y mojada. Pienso en vos. Tengo tu carta apretada contra el pecho: el latido de mi corazón llega hasta mi mano, atravesando el papel, y yo me imagino que su vibración atraviesa el papel, se imbuye en la tinta de las palabras que escribiste (veo el breve río azul conmoverse dulcemente, hacer ondas) y hace temblar apenas la lapicera con la que lo hiciste y que mueve imperceptiblemente el aire del escritorio de tu casa, y te toca. Tengo la sensación de que sostengo a pulso la noche para que no te caiga encima.

Entonces recuerdo de pronto que leí alguna vez que esa fosa, la fosa de las Marianas, era en realidad
una falla.








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