Pero es que incluso si me atreviera a postular la intelección intuitiva, la intuición, un canal energético o no verbal o lo que sea que nos atraviesa a ambos y que puede ser el modo en que lo no dicho encuentre el modo de ser expresado o ni siquiera eso, encuentre el modo de ser aprehendido más allá o más acá de las palabras y las cosas, incluso si me atreviera a proponerlo, digo, cómo saber?.
Saber en la mirada y en el aire, solamente. Sólo así saber: sintiendo.
Sucede que también eso es falible. Sucede que, aunque la certeza me haya ocupado muchas veces en ese sentido, también me he sabido equivocada con el tiempo. A veces creo que es sencillamente porque los otros no se atreven a poner en palabras, a confirmar con las palabras (como si las palabras fueran cosas, fueran postes, fueran actos, qué idiota) lo que se sabe de otra manera y sin lugar a dudas. Otras veces recuerdo que soy muy soberbia, y dudo.
Así es que nace la soledad. Así. Así, exactamente.
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