Que estuvieras aún aquí y entonces pararme un día frente a vos sin saberlo y decírtelo así, como sé ahora que te lo preguntaste a vos mismo (sé, sé tan bien de tu diálogo interno, papá. Lo sé, lo supe siempre. Por eso siempre nos entendimos y nos odiamos y nos admiramos tanto: porque dentro nos habla la misma oscuridad, porque del mismo nervio estamos hechos). Pararme frente a vos y hacerte el planteo perfectamente lógico (ay, como nos gustaba aparentar que éramos perfectamente lógicos!: era uno de nuestros juegos preferidos, nuestra más elaborada mentira, nuestro más grandioso acto de escapismo), decirte que bueno, que estuve pensando y que creo que es la opción buena porque después de todo.
Al que eras en los últimos años lo hubiera escandalizado lo mismo que lo escandalizó que en la última charla frente a frente que tuvimos le dijera que nadie ayuda al otro por generosidad, que todo lo hacemos por egoísmo y que me parecía muy bien que así fuera; pero bueno, ese hombre hacía mucho tiempo que no eras vos, si es que alguna vez lo habías sido. Imaginar que se puede salvar ese escollo…imaginar que, como alguna vez pudimos, que podríamos hablar como iguales, con la verdad que ni a nosotros mismo queremos decirnos, y preguntarte entonces: “y por qué no?”.
Sería interesantísimo ver tu respuesta. No podrías decirme la verdad. Nunca pudiste. Sin embargo siempre lo supimos. Creo que más yo que vos. Creo que vos perdiste la capacidad de darte cuenta de que sabías esas cosas para poder vivir o que eso pareciera.
No podrías decirme la verdad y sin embargo algo en vos lo diría de cualquier manera. Algo. Y sería cierto y mentira el silencio
La única verdad sería seguir aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario