Es tierra helada;
la escarcha constante
oculta la fertilidad
Los fiordos escarpados, filosos,
la vuelven inaccesible
Dentro, la vida se abre paso
en criaturas de piel tibia
adaptadas al viento gélido
La rodea el peligro
y guarda en si tumbas
de niños soldados que murieron
con miedo y dolor
con desconcierto y hambre
con desidia de hombres lejanos.
Es una isla. Llevo su nombre.
Me obnubila la posibilidad del espejo
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
martes, 12 de enero de 2016
Soledad
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