"Besar la cabeza del toro. Soy el toro monstruoso, húmedo, con barro pegado a los pelos gruesos y duros como espinas pero a la vez suaves, dóciles. Besar la cabeza del toro y, como en el cuento de Tabucci, construirle con cera y plumas unas alas para que vuele hacia la luna. Ser Dédalo y ser el toro. Habitar el laberinto construido y estar perdido; desesperarse y recordar, en la propia presencia, cómo salir. Recordar viéndonos a nosotros mismos, viendo nuestra monstruosidad. Besar la cabeza del toro. Eso debe ser el amor", pienso en la oscuridad, antes de dormir
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
jueves, 14 de enero de 2016
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