Porque la imagen, la imagen también resume, también destila mundos, también es un núcleo escondido del que emana bosques de sentidos. Como las palabras con las que las nombramos, como los hombres, como todo. Todo lo que existe es un pequeño Aleph. Cada cosa del mundo encierra los mundos posibles, el trabajo hecho, las estaciones del tiempo, la sangre del labrador, la luz con la que un abad leía en el siglo XII...todo es, a la vez, lo que ha sido necesario para que eso sea.
No es nada original, lo se, pero es lo que me encuentro pensando mientras miro caer la luz de la mañana sobre la madera de la estantería con libros delante del pino nevado del ventana y mido la distancia. La distancia de la imagen, la distancia entre las palabras que nombran la imagen, la distancia entre la imagen y la palabra y asi, la distancia entre todo eso y la mesa y yo y el cenicero y todo. De golpe, todo. Cada segundo es una supernova
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
martes, 5 de enero de 2016
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