lunes, 11 de enero de 2016

La nieve cae lenta, errática pero armónicamente. Oigo caer despacio el agua del termo sobre la yerba verde. Hay quietud y silencio; sonrío casi tiernamente.
Hipnotizada por el suave fluir de los copos en la ventana, de pronto me encuentro pensando que la nieve es lluvia que juega; es lluvia rebelde que quiere volar y vuela.
Me imagino a los copos divertidos, muertos de risa, como niños o adultos sabios, dejándose ir en el viento: no importa más nada; no piensan en la muerte ni en los por qué.  Disfrutan, sencillamente.
En ráfagas bailan las estrellas suaves, perfectas, efímeras, desde mi ventana

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