Me adentro en la niebla espesa, física. Niebla araña que se deshace de pronto y en patas peludas, largas, finísimas convierte sus jirones. Araña que me abre el pecho y anida alli, segura de su lugar, de su circunstancia, de su ruina y la mía.
He de ahogarla. En algún momento lloveré.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
martes, 30 de junio de 2015
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