Dibujar acaso una serpiente
Dibujarle los ojos, los dientes, las escamas
Poner especial atención a los patrones
geométricos, exactos de su alma
Dejarse ir en el lánguido recelo
de hacer de su extensión una suerte de callada
ronca, dadivosa, oblicua,
funesta mueca de nuestra mirada
Abrirle las fauces ya de tinta
Ya sedientas de carne, ya bravas
Internarse entonces en la breve
inexistente, abrasadora fe
de su hondonada.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
sábado, 27 de junio de 2015
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