Cocino. El calor de la bandeja del horno abre una llaga en la piel de mi mano derecha. Luego de unas horas, no sé en qué momento, la piel quemada se desprende. El ardor me hace dar cuenta. Torpe, lamo -lento, con costumbre animal- la herida. La lengua, impregnada de la sal de la cena que preparo ahora, aumenta el ardor.
Como un recuerdo.
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
lunes, 29 de junio de 2015
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