viernes, 24 de abril de 2015

En uno de los viajes
la junté
Es poca, sucia, violácea.
Pero sirve.
Destapo el frasco y un olor
rancio y húmedo
a cloaca, a cueva, a flor de cementerio
me marea
Echo una gota
lenta
sobre la docta spes
y los lenguajes privados;
sobre tu imaginada cualidad gatuna
en una tarde azul
(cuando la carne es fruta madura
en la que hundirse dulce, salvaje,
atávicamente,
a suaves mordiscos)
Una gota sobre el deseo rabioso
de hablar con vos
(la idea de que haya
por fin
algo cierto
-aunque brutal: incluso así-)
Otra sobre la necesidad intermitente
desconcertante
caliente
de abrazarte desnuda.
Encima de la incipiente, insospechada ternura
(brotes nuevos, preciosos, vivos)
vuelco una más:
te veo diluirte en todas;
desdibujarte como una melodía
que se apaga lentamente
(olvidando por un segundo
que la figura que hay
es obra de mi invención.
O sabiéndolo, acaso,
y aún así)
Al lado mío,  en cada escena
un manchón de colores oscuros
hermoso, aún; desconcertante, intenso.
Agua del Leteo. Bendito bálsamo.
Maldita solución.

No hay comentarios: