lunes, 20 de abril de 2015

De cuando en cuando, tiemblo.
Es casi imperceptible,  apenas un rumor lejano, como una hoja al viento en una noche de viernes de invierno. Pero tiemblo  como si de eso dependiera el mundo. Como si lo inaugurara o lo rompiera,  no sé.
Es un temblor fundacional, pero de qué. O un estertor final. O miedo. O pavor. O dolor hecho movimiento. O viento encerrado. O un pájaro ciego chocando contra las paredes de mi cuerpo. ( Y quién es el pájaro? Qué busca, fuera?no sabe acaso que la luz lo hará desaparecer? -o es eso lo que quiere?es eso?-)
Cuando tiemblo,  en fin, últimamente lo único que quiero,  lo único que anhelo (lo que lo hace, si cabe, todavía más jodido, todavía más terriblemente desconcertante y paridor de preguntas, teorías y enojos varios, porque no existe, porque no es, porque no tengo idea de qué contiene realmente porque no sé qué contenés, qué sos, y aún así, joder, aún así, lo único que anhelo) es tu abrazo.



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