lunes, 9 de enero de 2017

Paseo por la casa contenta, con medias de distintos colores (no conseguí encontrar el par, en este caos) y con el pelo como si fuera una represa de nutrias abandonada, pero con un vestido que me encanta. Todavía me arroba, cada vez que la siento, la alegría tan tonta y tan prístina que me produce ponerme un vestido, aunque me los ponga para estar en casa (de invierno no tengo, y afuera hace frío). Es curioso las cosas que se me vuelven símbolos; las cosas que en eso convierto.

No fue hasta que lo conocí que empecé a usarlos. Me enternece mucho darme cuenta. Siempre los compraba, pero nunca los usaba. Me daba miedo, supongo, esa parte de mi que no entendía, que no conseguía encajar de un modo que no me resultara vacío, vanal, automático.  No fue hasta que lo conocí que me amigué con esa parte mía que renegaba de lo femenino en mi. Lo femenino, ese molde grotesco, esa obligación estúpida, ese límite cercenante.

Me río ahora, mientras me miro al espejo contenta como una niña que se disfraza con el vestido de mamá, porque me digo a mi misma “porque lo femenino es, claramente, ponerse un vestido” (no hay caso: ni contenta puedo dejar de ser cínica conmigo misma). Y entonces discuto, discutimos, y resulta, como siempre, de lo más esquizofrénico y de lo más divertido
-No, y sí. La apropiación del símbolo ajeno es la clave, porque entonces el símbolo deja de ser algo impuesto y se convierte en una elección, en un ejercicio de la libertad, más allá de que la elección sea “buena” o “mala”. Esa es la parte racional, la que me conviene. La otra es que soy también muy puritana, muy ortodoxa, y poder ser “normal” sin que eso me deje el amargo sabor de una derrota privada es la gloria misma. De modo que hacer lo que los otros hacen pero por motivos propios se convierte en una pequeña e inútil victoria. Para qué me lo voy a negar, a estas alturas? si es graciosísimo!. 
Hay que poder ser ridículo. Sí, señor. Hay que poder ser absurdo y cursi, infantil y crudo, patético y grandioso. Sí señor. Claro que sí. Hay que poder reírse, como me pasaba anoche, al darse cuenta de que lo único que me da vergüenza, a estas alturas, de haberle mostrado un texto que relataba una fantasía sexual a un hombre que apenas conocía es haber utilizado la palabra “pene”, que no tiene nada, nada que ver con ese brío que era el texto en si mismo, y entonces pensar en las palabras y cuestionarme por qué hablo de “mi sexo” cuando escribo algo así y que es muy ridículo y en un punto no, porque en ese contexto “mi sexo” me evoca lo mullido, y es por eso que tiene sentido. Mullido, cálido, oscuro, vivo, misterioso. En cambio “vagina”, por ejemplo, es espantoso, es cortante (“gi”…”gi” es el problema). Lo mismo que “pene” tiene algo incómodo, algo de cartón, y sin embargo no consigo encontrar una palabra que se acerque más. Hay que cuestionarse entonces cuánto de esto responde secretamente a vigas escondidas dentro de la construcción; vigas que no se advierten siquiera aunque se piense que sí, y responderse que no responde a eso, y que si responde, no me doy cuenta. Vaya uno a saber si soy soberbia o sabia, en esto. Es un misterio.
-Pero entonces lo femenino pasa por el sexo?. De verdad poder ser tan obtusa?
- Puedo, sin duda!. No dudes de mis habilidades. Pero no es el caso. Y además, por qué te lo tengo que explicar?
-Porque es diver?
-Divertido para vos. Para mi es un quilombo poner las cosas en palabras
- Pero podés. Dale…
-Ok. A ver…no, no pasa por el sexo. No pasa por ponerse un vestido. No pasa por ningún lado tan angular, tan quebrado. Y a la vez, sí. Pasa por entender. Pasa por entender que pasa por ahí aunque sea ridículo. Pasa por aceptar y a la vez reírse.  Pasa por el agradecimiento que sentí al saberme mujer cuando lo conocí, porque ninguna otra cosa hubiera querido ser entonces, porque de ninguna otra manera hubiera sentido la maravilla que me embargaba cuando él me tocaba, cuando él me miraba de una forma o me decía cada tanto “cómo puedes ser tan sensual?” a mi, que siempre me sentí tosca como la corteza de un árbol y me molestaba tanto tener que ser otra cosa, de otra manera. Me rebelaba. 
Pasa por saber que soy una fuerza que desconozco también allí y que esa no es más que una parte del todo; pasa por salir del odio y abrazar la contradictoria maravilla en que habitamos la vida y en que la vida nos habita. Pasa por celebrar lo cándido de querer ponerme linda para él; eso de lo que huí toda la vida, y ver en eso la transformación y maravillarse. Querer ponerme linda para él, a quien no le hacía falta, y tal vez por eso. Por eso mismo: porque no le importaba, porque no lo necesitaba, porque no era de ahí de donde venía la forma en que me miraba. A él le gustaba…un modo de moverme, o mi forma de hablar. Le gustaba una suavidad que no reconozco mía y que sin embargo me han señalado muchas veces. De lo sutil decantó lo material, y de ese ejercicio nació un cuerpo con el que yo había estado luchando hasta entonces. Vio primero el significado, y luego nombró la palabra. Cómo no iba a enamorarme de un hombre así?. Cómo no iba a ser cada encuentro alegría pura?
 El me enseñó para qué yo era una mujer entre tantas otras cosas, de un modo cabalmente distinto del de los tipos con los que había estado antes, y entonces me dieron ganas de serlo. Y es esa elección la que vale, porque implica una aceptación de algo que uno es aunque no sepa cómo ni por qué, y la posibilidad de mirar los límites y elegir entonces si quería hacerlos míos o no, pero ya no desde la bronca; ya no rechazándolos de plano ni aceptándolos por defecto. Es cuando se elige, sea lo que sea, que lo que se elige merece atención, cobra valor, habla.
Yo había disfrutado de muchas otras partes de mi, pero hasta entonces, hasta que él fue un espejo que me obligó a mirar también esa otra parte de una forma distinta de la que tenía hasta ese momento, no había entendido de esta suerte. No es sólo por el sexo ni es sólo por un vestido; no es por la convención ni lo contrario, sino porque todo eso se volvió de pronto también material maleable con el que yo podía, si me daba la gana, hacer algo que valiera la pena, para mi.





No hay comentarios: