jueves, 4 de agosto de 2016

La idea del habla o la del silencio. De que modo pueden ser lo mismo. De que modo pueden tener el mismo valor.
"Cuando eras chica había que amordazarte para que te callaras; ahora para que digas algo hay que sacártelo con tirabuzón", me dijo mi hermana un día
Él, de quien me enamoré porque era un hombre con el que podía hablar realmente, me dijo que no entendía, cuando nos separamos, porque los últimos dos meses habían sido los más serenos de los últimos tiempos.
"Y no te diste cuenta de por qué?. Porque yo ya no te decía lo que pensaba. Porque yo ya no discutía con vos. Porque me di cuenta de que ya no podíamos hablar, de que ya no escuchabas para saber, para entender, sino para contraponer".
Cuántas veces antes le dije que estaba preocupada. Que estaba preocupada porque sentía que ya no podíamos hablar y que si no lo solucionábamos de alguna manera no íbamos a poder seguir. Yo no iba a poder. Para estar en silencio, prefiero el silencio.
Me acuerdo de la noche fatídica, la noche en que supe que ya no había forma, en que traspasamos el último límite. Hablábamos...de política, creo; una discusión sin importancia realmente, de esas que antes nos habría llenado del placer de exponer y debatir, de jugar aprendiendo, de aprender jugando, y le dije que no entendía lo que planteaba. Me dijo con un gesto irónico "no, claro, cómo vas a entender ..."

Hablar. Callar. Hablar. Callar hablando. Hablar callando.
Qué difícil resulta a veces decir algo realmente.

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