-Dale, boludo, no me jodas…
-No, te lo digo en serio. A mi me darías miedo si no fuéramos amigos, si no te conociera. Creo que incluso así me das un poco de miedo, porque sé que tengo que tener cuidado cuando hablamos
-Cuidado de qué, Fernando?; y miedo…de qué?. Vos me estás cargando??
-No…ves?, te hablo exactamente de ésto: donde cualquier mina se pondría contenta, vos te enojás. Y el tema es ese: nunca sé con qué me vas a salir, porque vos escuchás lo que te estoy diciendo. Lo escuchás, lo masticás y me escupís algo nuevo, algo que la mayoría de las veces no es lo que me esperaba
-Pero esa es la gracia de hablar, no?. Para qué hablar, sino?
-Sí. Y no. Es lo bueno, pero no es lo normal. Lo normal son los lugares comunes, la charla tipificada. Vos pasás por ahí, pero cuando tenés ganas de hablar, pasás por otros. Vos pensás, y obligás a pensar al que habla con vos, porque sino queda como un pelotudo. Y eso da miedo
-Quedar como un pelotudo o pensar?
-Las dos cosas. Para cualquiera de las dos, hay que salir del piloto automático
—¿Estabas, pues, tan triste el día de las 43 veces? El Principito no respondió. Antoine de Saint-Exupèry
lunes, 31 de octubre de 2016
Automático
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario