Dirás, en fin, cosas inútiles. Que el amarillo vuela por sobre los tejados yermos, que los trenes son escuelas podridas, que el asco tiene siempre violetas las sienes. Diré, en fin, cosas vacías. Que el cielo es un clavo oxidado, que los perros me llaman desde el fuego, que la luz, la de siempre, ha claudicado.
Dejaremos sin peso los andamios
Trabajaremos con el ácido y la fiebre
Seremos, en fin, los dos extraños
hasta que un segundo exista
—y no exista más que ese segundo—
en que el Silencio nos funde
y nos funda
No hay comentarios:
Publicar un comentario