jueves, 19 de marzo de 2015

Es ruin, aunque la quieras.  Aunque la ames, lo es. Y manipuladora, aunque inocente. Quiero decir, que no se tiene conciencia de serlo;  que es sencillamente algo aprendido, algo que ha mamado y no puede evitar, como una mano deforme.
También es divertida y culta, aunque a veces cuando la mirás mientras se lo decís se desdibuja, como si le echaras agua encima, como si tus palabras la disolvieran, la hicieran mentira.
Aparte es valiente y buena. Aunque te haga mucho daño,  aunque no te cuide y sea caprichosa y tirana. Sos tan bueno que igual ves bondad en el modo cobarde que tiene de tratarte y tan valiente que igual ves valentía en su maldad.
También sabe ser dulce. Es una extremidad en si misma,  o todas las extremidades. No existe en élla la mesura ni el equilibrio y se la pasa hablando del tema sólo para disimularlo.
No te ama. No ha sabido amarte, me decís señalándomela. Ella no dice nada porque es una imagen,  apenas, un reflejo que nace de tus ojos.
Aún así,  duda y duele. Aún así,  duplicada, refleja, cóncava, siente pena de que su amor haya sido tan poco, para vos, cuando ha sido a la vez todo lo que tenía para darte. No sabe ser más.
No sé ser más.
Asique lo agarro del marco que te hace sangrar las manos y, como un látigo,  lo doy contra el suelo. El espejo que sostenés frente a mi, tu mirada, se rompe en mil pedazos. No me ves. Aún así,  no me ves.
No. Tampoco soy ésa. Ninguna de éllas.
Mis pasos, aunque no los oigas, hacen crujir los cristales al salir.



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